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U.E.: Si Maduro no convoca a elecciones en 8 días, reconocerán a Guaidó

La UE se mueve despacio, defraudando siempre a quienes piden contundencia, inmediatez y esperan grandes gestos. Prefiere llegar bien a llegar pronto, buscar salidas a medio y largo plazo antes que seguir los impulsos y levantar muros. No es fácil coordinar la voz de 28 Estados miembros con intereses, ideologías y visiones muy diferentes, y lo ocurrido en Venezuela en la última semana es el mejor ejemplo de ello.

Los embajadores europeos discutieron hoy todas las opciones en Bruselas, con tres posturas diferentes y en algún caso muy enfrentadas. El Gobierno español, en la línea de otros países como Alemania, Francia, Dinamarca o Reino Unido, se inclinan por reconocer al líder opositor Juan Guaidó como presidente “interino” si Maduro no accede a la petición de elecciones “libres e inmediatas”.

En medio, quienes no quieren precipitarse y ven un error posicionarse en contra del régimen. No porque simpaticen con el movimiento bolivariano, sino porque temen que la polarización lleve a la violencia y una toma de partido en Bruselas cree más problemas de los que solucione, dejando sin interlocutores a los herederos de Chávez más allá de Irán, Rusia o Turquía.

Por último están quienes, como Grecia, se posicionan más cerca de Maduro que de Guaidó y no quieren en absoluto forzar su salida, y por ello hacen todo lo necesaria para retrasar, aguar e incluso bloquear decisiones que en último caso requiere unanimidad.

España lleva días en una posición nada cómoda. En cuestiones latinoamericanas es y tiene que ser siempre quien marque el ritmo en la UE, por sus conexiones y por sus intereses. “Es el único país en el que lo que ocurre en Venezuela es política nacional”, ha resumido hoy el ministro de Exteriores, Josep Borrell. La posición de buena parte de los Estados miembros y de las instituciones, reflejada en mensajes mucho más tajantes por parte de los presidentes del Parlamento y del Consejo Europeo, es cada vez más firme.

Pero el Gobierno de Sánchez, al llegar a Moncloa, dio un giro a la dura posición española y se decantó por el “diálogo y el compromiso” y no por la presión y las sanciones como única vía a seguir. Así que se encuentra ahora con la presión de tener que liderar con el ejemplo y las dudas internas sobre “cuál debe ser la línea de un gobierno progresista”, según explican fuentes diplomáticas

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