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Boca-River, el clásico en una final de la Copa Libertadores

Boca Juniors, con goles de Ábila y Benedetto, consiguió el pase a la final de la Copa Libertadores frente a un Palmeiras que, pese a un arreón en el inicio del segundo tiempo, no compitió demasiado en la eliminatoria. El equipo xeneize se medirá con River Plate.

Boca gozó el primer tiempo en San Pablo, cuando estiró la ventaja de la ida con un gol de Wanchope Abila, lo sufrió en el segundo cuando Palmeiras se lo dio vuelta, con goles de Luan y Gustavo Gómez, y volvió a disfrutar cuando el ingresado Benedetto, en una suerte de repetición de lo hecho en el partido de ida, anotó el empate con un derechazo seco desde afuera del área (4-2 el global) para que los xeneizes se aseguraran el segundo pasaje para la final de la Copa Libertadores, que se comenzará a dirimir el próximo miércoles nada menos que frente a River. El primer partido será en la Bombonera; la revancha, casi veinte días más tarde, en el Monumental. Será otro hecho histórico, sin dudas, el partido más importante en la historia de una rivalidad que sigue escribiendo páginas alucinantes.

Durante los primeros minutos Boca pareció pensar más en esa final que en el rival que tenía enfrente, y que no tardó en demostrarle que sus intenciones de dar vuelta la historia. El primer aviso serio llegó a los 9 minutos, tras un centro de Dudu que Bruno Henrique conectó entrando a espaldas de los centrales xeneizes para meter la pelota dentro del arco de Rossi. Sin embargo, cuando los jugadores de Boca se disponían a sacar del medio, el árbitro colombiano Wilmar Roldán anuló el tanto porque a través del VAR le avisaron que Deyverson, quien había habilitado a Dudu, había iniciado la jugada en posición fuera de juego.

Entonces Boca entendió que no podía seguir replegado y tirando pelotazos para que Wanchope aguantara la pelota. Empezó a buscar por las bandas y no tardó en arrimar peligro al arco de Weverton. Pavón estuvo cerca, habilitado por Nández, pero su remate forzado se le fue a un costado. Apenas unos minutos más tarde, Villa desbordó por la derecha y metió un centro bajo al corazón del área chica hacía donde corrió Wanchope para conectar y marcar el 1-0. Estirada la ventaja inicial (3-0), los dirigidos por Luiz Felipe Scolari quedaban obligados a marcar cuatro goles para dar vuelta la historia.

El gol tranquilizó a los anoche dirigidos por el Mellizo Gustavo –porque Guillermo, tal como le ocurrió en la noche del martes al Muñeco Gallardo, no podía estar en el banco por suspensión–, que comenzaron a jugar más sueltos. En Palmeiras, en cambio, comenzaron a mandar los nervios, sobre todo entre sus volantes, con Felipe Melo a la cabeza.

En el arranque del complementario, fue Palmeiras el que consiguió dominar el trámite y a generar situaciones de gol. Lucas Lima pateó desde afuera y Rossi, a puro reflejo –en una muy buena noche–, tapó el disparo con su pierna derecha. Y fue Luan el que encontró la igualdad, tras una jugada de pelota detenida, cuando aprovechó el espacio que dejó Magallán e ingresando sobre el segundo palo le dio con la derecha al primer palo. Un penal cometido por Izquierdoz complicó un rato los planes de los xeneizes. Gustavo Gómez ejecutó la falta para poner a su equipo en ventaja, con un remate abajo sobre el palo izquierdo de Rossi, que se tiró hacia el otro lado.

La incertidumbre xeneize duró poco, porque enseguida el ingresado Benedetto, tal como lo había hecho en el partido de ida La Bombonera, habilitado por Pérez, anotó la igualdad con un derechazo seco desde afuera del área. Desde la igualdad, hasta el final, Palmeiras acusó el golpe y Boca no hizo más que controlar el trámite hasta que, con el pitazo final, se desahogó en una gran festejo. Pensando claro en River, como lo había hecho durante toda la noche.

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