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Venezuela rompe record de solicitudes de asilo a EE.UU

El incremento de la petición de asilos de venezolanos en Estados Unidos coincide con un momento de represión y protestas en Venezuela en febrero de 2014, según describimos en este reportaje.

Sin embargo, de las personas que fueron entrevistadas hace tres años para esa investigación, ninguna ha recibido respuesta sobre su asilo. Diego Arcaná, por ejemplo, recibió su permiso para trabajar pero no lo han llamado para la entrevista. Él también fue víctima del abuso policial y sufrió herida en un ojo y persecución.

Isabel Martínez (resguardamos su verdadero nombre), una odontóloga que viajó con su familia a Miami desde 2016, se empieza a preocupar: “ni siquiera nos llaman para la entrevista, pero conozco a alguien que aplicó por asilo en 2014 y tampoco lo han llamado”.

En las mismas condiciones está un militar retirado de la Guardia Nacional Bolivariana que trabaja atendiendo un bar en Miami Beach y aplicó para asilo en mayo de 2016. Dice haberse negado a reprimir a quienes protestaban en Venezuela y comenzaron a ubicarlo en puestos administrativos y de educación “pero me tenían fichado y tuve miedo. Así que cuando pude, salí”, cuenta. “A mi ni siquiera me han llamado para entrevista”.

El asilo es una figura de protección contemplada en las leyes estadounidenses y permiten darle refugio a cuidadanos de otros países que pueden demostrar ‘miedo creíble’ por haber sido perseguido en su país de origen –por estas razones– o mostrar evidencias de que lo será si regresa.

Hay dos formas: el asilo afirmativo y el defensivo. El primero se hace frente al departamento de migración (Uscis) voluntariamente durante el primer año después de la entrada a Estados Unidos. El segundo lo procesa el departamento de Justicia y es cuando la persona debe defenderse de una potencial deportación ante las cortes de migración.

En ambos casos, cuando una persona obtiene su condición de asilado en Estados Unidos, puede obtener su permiso de residencia permanente (green card) al cabo de un año y en cinco años más solicitar la ciudadanía.

Es un proceso que en vista de la cantidad de solicitudes que recibe el gobierno de Estados Unidos se ha vuelto muy lento y no siempre satisfactorio para el solicitante venezolano. De las cifras disponibles se desprende que en 2014 se aprobaron 318 asilos de 1,844 peticiones; el año siguiente solo 466 de 5,603 solicitudes y en 2016, cuando los casos contabilizaron 14,727, el gobierno solo otorgó el estatus a 328 personas con nacionalidad venezolana.

Aún no se tienen cifras de 2017 ni lo que va de 2018.

El abogado Julio Henríquez, director de la fundación con sede en Boston ‘Libertad pararefugiados’ (Refugee Fredom Program), se especializa en casos venezolanos y ha ganado por lo menos dos este año, mientras espera la resolución de otros.

Explica que los lapsos de espera por una respuesta a caso de asilo, de entre tres y cuatro años, se debía entre otras cosas a la presentación de casos falsos que producían el atasco en el sistema estadounidense, mientras que los solicitantes tenían el incentivo de lograr un permiso de trabajo y emplearse por esos años para luego volver a casa o a otro país con ese dinero.

Lo que el mundo ha comenzado a ver en fotos y videos de desplazamientos de venezolanos por la frontera con Brasil o largas caminatas de familias enteras hacia Ecuador, Perú y destinos de suramérica ya se refleja en números gruesos que presentó Acnur en su informe más reciente. La nacionalidad venezolana es la cuarta en el mundo en el cuadro de solicitudes de asilo en diferentes países, un registro que va desde 2008 hasta 2017 y que cambió su configuración este último año.

Sin embargo, ya Estados Unidos no figura en el primer lugar de las preferencias de los venezolanos a la hora de pedir asilo. Fue sustituido por Perú, país que ha mostrado una apertura en la documentación, reconocimiento de títulos profesionales, estatus y otras medidas para facilitar la acogida.

Henríquez cree que con los datos que hoy tenemos a la mano se puede dibujar un mapa de la “solidaridad” con Venezuela en América Latina. En él se podría identificar que suramérica ha abierto sus puertas a los venezolanos que huyen de la represión política, los altos niveles de criminalidad que suman más de 30,000 muertes violentas al año, la pobreza, ausencia de atención médica y alimentos, entre otras.

Las cifras muestran cómo Perú acaba de desplazar a Estados Unidos como destino más buscado por los venezolanos en su histórica estampida.

“Otros países que recibieron cifras considerables de solicitudes de nacionales venezolanos fueron Brasil (17,900), España (10,600), Panamá (4,400), México (4,000) y Costa Rica (3,200)”, refleja el informe de Tendencias globales 2017 de Acnur.

“En cuanto a los países de origen, el mayor aumento en 2017 se debió a la situación en la República Bolivariana de Venezuela (345.600). Allí, la difícil situación de seguridad, la pérdida de ingresos como consecuencia de la actual situación económica y la escasez de alimentos y medicinas impulsaron a un gran número de personas a abandonar su país durante el año”.

El documento también explica que algunos países de América Latina han introducido mecanismos al margen del sistema de asilo formal para que ciudadanos venezolanos residan durante un periodo prolongado (de uno a dos años), con acceso a trabajo y servicios sociales. Estos mecanismos incluyen permisos de residencia temporal, visados de migración laboral, visados humanitarios y acuerdos de visados regionales.

“Al final de 2017, los países de acogida que comunicaron grandes números de venezolanos fueron Chile (84,500), Colombia (68,700), Argentina (56,600), Panamá (48,900), Ecuador (41,000), Perú (31,200), Brasil (8,500) y Uruguay (6,200)”, se lee en el informe.

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